En el centro de cada grupito hay una pluma. El que la toma tiene la palabra, y la tiene hasta que vuelva a colocar la pluma en el centro. Esta costumbre, que nos viene de los "círculos de la palabra" amerindios, regula la toma de palabra y la escucha.
De hecho, alguien puede desear guardar la pluma durante un cierto tiempo sin decir nada. Le da tiempo para desarrollar lo que él quiere expresar cuando aún no ha encontrado las palabras para hacerlo.

