Las comunidades, los equipos, las parejas tienen que tener mucha imaginación y creatividad para encontrar tiempo para detenerse, para hallar paz, para respirar, para simplemente estar juntos. ¿Dónde encontrar este tiempo?
En un circulo, cada uno ocupe en el grupo un sitio igual que los demás. Aquí, cada uno tiene voz, desde el más pequeño hasta el más grande, desde el más instruido académicamente hasta el menos dotado. El Espíritu Santo habla a cada.
En el centro de este círculo formado por los asientos está la Biblia, abierta. Posiblemente con una vela encendida, una imagen, unas flores... Todo dispuesto sobre un hermoso lienzo.
Cada tiempo de compartir en grupo es precedido por un período de oración personal y reflexión silenciosa. Este tiempo asegura la profundidad y la libertad del compartir que va a seguir.
Los participantes están invitados a echar un vistazo al pasado para recordar juntos los momentos importantes de su historia, y a echar una mirada al futuro para abrirse a los deseos profundos que el Señor ha puesto en sus corazones.
El compartir en el gran grupo se prepara antes por intercambios en pequeños grupos de cinco o seis personas. El tamaño reducido de estos grupitos promueve la confianza y la libertad interior.
En los pequeños grupos, se proponen tres rondas para compartir. En la primera ronda, cada uno comparte los frutos de su oración que acaba de vivir. La segunda ronda se permite y se anima a tener interacciones más libres entre los participantes. La tercera ronda es conversar con el Señor presente en el grupo.
Un punto cumbre en el camino es la celebración comunitaria de la Misericordia. Hay que cuidar que sea un momento festivo.
Cuando estamos reconciliados, el Señor nos llama a colaborar con su misión de paz y reconciliación en el mundo.